Gonzalo Osés

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miércoles, 1 de marzo de 2017

Ponerle puertas al campo



El pasado lunes me invitaban a una cita a ciegas con otros mentores en el “primer congreso nacional de mentores en España” organizado por AMCES (Asociación española de Mentoring y Consultoria del Emprnedimiento y Economía Social". Lo cual, a priori era digno de escuchar. 

La cosa iba más o menos fluida con los típicos debates para saber el sexo de los ángeles que le afectan a cada colectivo,  hasta que llegó el cierre y ahí el presidente muy presidente y mucho presidente, se quitaba el disfraz de cordero y sacaba a relucir el colmillo de lobo, diciendo con una sonrisa de oreja a oreja “hoy ha nacido la profesión de mentor de emprendedores”… Tras premiar a dedo a toda la cohorte de directores de “aceleradoras” que dependen de los departamentos de marketing y RSC de las grandes compañías, que le dan a todo lo que se mueve a base de lapidar millones en marketing startapero. Aunque tengan unos exits pésimos o sus mentores ex grandes directivos del canal tradicional, acaben en un par de meses, con startups que tenían clientes reales, cambiándolas su visión y mandándolas al concurso de acreedores al expulsarlas del programa, al no poder afrontar sus créditos blandos que les dieron unos meses antes en época de vino y rosas… La excepción de esa lista de patrocinadores es Emilio Márquez, bastaba con darle un premio a él, como mentor, y no hacerle la pelota a los clientes.

Lo mejor fue al premiado que dejó para el final, al representante de Madri+d el cual lanzaba, así como quién no quiere la cosa, que la semana que viene empezaban a certificar mentores… ¡Acabáramos! ¿En base a qué uno es mejor mentor o peor? Como si la profesión fuera nueva, cuando en las carreras tecnológicas se hace desde hace décadas. 

En definitiva, con la excusa de crear un escenario de conexión, de puesta en común, se acabó dejando una sensación agridulce de “si te asocias a nosotros podrás tener acceso a los premiados”, los cuales, me apuesto unas cañas a que en unos meses la mayoría van a ser socios tecnológicos. Si no lo son ya. Aquello no era un encuentro, sino una puesta de largo de una oferta más comercial de las ya existentes. 

Sinceramente, se debería prohibir las asociaciones profesionales sin ánimo de lucro, porque no conozco ninguna que no intente venderse ante administraciones y grandes empresas de gran consumo, como la poseedora del santo grial y garantes de la verdad. Cuando acaban convirtiéndose en lobbys cuyos directivos dan asesoría gratis como asociación y cobran por consultorías como profesionales en concursos que curiosamente, casi siempre ganan sus empresas…

Una pena, que de nuevo se diga que se convoque a un colectivo para aportar y se quede en un mero discurso comercial. No vale, eso de “es que yo llevo 20 años en esto, y saco a pasear a Rodolfo”, que empieza a parecer al presidente de honor, del evento de turno. Sobre todo en un sector en el que a cada segundo se innova, porque la mayoría de mentorizados no son la burbuja marketiniana  estartapera, si no, personas que se han quedado sin empleo y se han visto obligadas a dar un paso al frente, exponerse y ofrecer sus servicios al mercado, a la par que se ven ante el abismo de tener que empezar a tomar decisiones por sí mismos, sin el jefe que les diga lo que tienen que hacer. 

Con solo ocho meses de vida de la asociación, espero que recapaciten un poco, quiten una marcha y piensen un poco menos en su misión vital y escuchen la visión de otros profesionales. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Jóvenes formando a jóvenes


Quien conozca a mis padres sabrá que atesoran más Juventud que el resto de personas que conozcan, porque la JUVENTUD es una actitud, una forma vitalista de entender la vida, como demuestran el millar de tuiteros que leen a mi madre. Bien pero, ya tienen una edad, pueden seguir cambiando las cosas, pero hace mucho que cedieron el relevo en la carrera del progreso social.

Luego estamos los que parecemos jóvenes, pero hace unos lustros que dejamos de utilizar las bondades del abono joven…

Después los famosos Millenials, (los que cumplieron 18 años en el año 2000) conocidos por los desesperados departamentos comerciales y marketinianos al no comprender por qué no siguen las instrucciones que tan bien aprendimos nosotros: fórmate, experimenta, trabaja, enamora, hipotécate y paga con la mejor de tus sonrisas.  Muchos de los cuales estarían encantados de explicarles sus gustos a los gurús del marketing, antes de se lo vendan otros bigdatizados, mientras ellos curran de camareros con sus dos licenciaturas…

Y luego están los jóvenes entre los jóvenes, los de 25 años o menos, como decía Bernardo Hernández, jóvenes, ambiciosos y globales. Que están creando startups para ayudar a formar a otros jóvenes como Fernando Alamillo y Alejandro Pacheco de Kainve con su liga de clubs financieros universitarios, o Manuel Rivas que a sus 21 años echará un cable en la nueva incubadora de startups educativas del SEK y es miembro de la plataforma Pangea para despertar, conectar y potenciar el talento joven. 

Volviendo a Bernardo, al cual habría que nombrarle ministro emérito de industria o educación, agradecerle instigar el proyecto Jóvenes con Futuro liderado ahora por Carlos Barrabes desde StepOne y la Fundación Rafael del Pino y Banco Sabadell, para insertar jóvenes programadores españoles como Belén Cruz (Belen_cz), César (@Vegaro) en empresas de Silicon Valley. Porque como decía Bernardo, él no había llegado más alto en Google porque no era ingeniero (el logo de Google maps es de su equipo), y en España faltaban desarrolladores de producto al frente de las startups, (Google Campus Madrid empieza a atacar el problema), y por eso la necesidad de estar en Silicon Valley donde se crean soluciones para miles de millones de personas. Si hablamos de Bernardo, uno no se puede a otro agente del cambio que ha posibilitado crear este nuevo germen, como es  el explorador de innovación Nacho Villoch al timón del Centro de Innovación BBVA 

En definitiva jóvenes de edad o de actitud ayudando a otros jóvenes, como destaca la metología de clase de César Bona y su Nueva Educación, donde los niños que más sabían explicaban a los buscadores de materias de la misma clase.