Gonzalo Osés

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domingo, 15 de marzo de 2020

Corona Vida en soledad


Agradecer a María José Cano que me enseñara a ponerme la mascarilla ffp2, y a Manuel de unltd a que se me viera la sonrisa. Así cuando salga a hacer la compra, regalare una sonrisa a los héroes olvidados que son los empleados de los supermercados.

Como me ha recordado hoy mi profe de digital Iván Fanego, ¿dónde queda el bravucón del post que iba a desafiar el estado de sitio? En casa, superado por la realidad. 

Tras 48 horas de redes sociales, amanecí en estado de shock saturado por tanta opinión, he empezado a tomar decisiones para asumir que me voy a pasar mínimo 40 días sólo en casa. 

Sí, pude pirarme el martes a casa de mis padres jubilados en la playa, pero son grupo de altísimo riesgo por edad y enfermedades. 

Hay muchas personas que nos hemos quedado solos con nosotros mismos en nuestras casas. Si en su momento, elegimos el bienestar de la soledad disfrutando de nuestra riqueza interior, pero sabiendo que en cualquier momento podíamos relacionarnos con otras personas. En este caso, nos quedamos aislados. O como están muchas personas mayores. 

Las medidas que he tomado son: 

-       - Silenciar todos los chats de WhatsApp, menos el de mis padres. Silencia mi chat por fa, que a veces soy muy brasas aunque mi intención se ayudar. 

-       - Pedir en grupos de WhatsApp de amigos que no pongan memes políticos o negativos, todos somos diferentes, y es bueno salir a la plaza virtual con la ropa sucia mental lavada. Los demás no tienen la culpa de nuestra rabia. 

-       - Ponerme de perfil en las redes sociales, subo cosas, sabiendo que me criticaran, pero sé que la solución buena no será la tuya o la mía, si no una suma de ambas con una tercera o una cuarta. 

-       - No tengo tele, así que un problema menos. 

        - La radio la escucho sólo cuando preparo el desayuno, la comida y la cena. Entiendo su labor, pero me estresa. Prefiero escuchar música que elijo por you tube o conciertos que se están dando en Instagram. Tras comer veo una hora de Neftlix, y al cenar hasta que me quedo dormido. 

-       - Empezar a llamar a amigos de los que aportan para saber cómo están. 

-       - Aprovechar las llamadas para andar por casa y hacerme un par de kilómetros en un piso de 70 metros cuadrados.

-       - Dejar de juzgarme sí hubiera hecho A o B. 

-       - Volver a mi rutina de freelance al preparar información para proyectos. Teletrabajo. 

-       - Aprender a pasar a online las mentorias de la eoi con la España Vaciada sin fibra óptica. 

-       - Animar a amigos que se realicen aportando desde casa.

        - Cuando alguien me llama excitado por lo que han dicho en la radio o en la tele, le pido que baje revoluciones y me lo transmita más calmado, para no estresarme, tenemos todo el día para hablar y llegar a un consenso. 

-       - Leer la guía de recomendaciones psicológicas durante cuarentenas por el Covid19 que me envío Marina Sánchez Calleja, del que pongo pantallazos al final del post (2). ¿Alguien sabe cómo convertir un PDF en un enlace online? 

-       - Aceptar el gran regalo de Cecilia Rius de meditar en grupo, media hora, todos los días a las 19:00 por Zoom, a lo que te invito, ayuda a empezar a serenarse. Gracias (1) Más abajo tienes el software de zoom y las claves para acceder a la meditación guiada de Cecilia. 

           - Tras conectar conmigo mismo, es un placer volar con la pinchada en directo por Instagram de DJ Nano en Instagram de 20:00 a 22.00 justo tras los aplausos para conectarme con la comunidad humana que somos, y la música el lenguaje matemático del universo. 


        En algún momento, tengo que ponerme a contestar el test de seguimiento para sustituir el teléfono de atención al paciente y que me puedan seguir a distancia si empiezo a tener los síntomas del Corona Virus

Me queda agradecer vuestra paciencia por la que ha liado el universo para darme tiempo para acabar el libro. Habrá que ponerse a ello, para hacer algo por mí, que me sienta realizado. Creo que hay está la clave centrarme más en mí, para aportaros valor.

Está saliendo lo mejor de nosotros mismos, se están creando cientos de iniciativas. 

Si pudiera cambiara el himno español por los aplausos que dimos ayer a las 22:00 desde todas las ventanas. Muchas gracias a mis vecinos por hacerme ver que no estamos solos. A partir de hoy a las 20:00 para que puedan participar las personas más jóvenes. 

Acabo de ver un video de un equipo médico dándonos las gracias por quedarnos en casa, y vaciar las urgencias de su centro para poder atendernos. 

Al final el coronavirus, puede ser que nos corone en la vida, donde como decía ayer Cecilia en la charla después de la meditación, “cuando se te cae todo lo que creías que te sostenía, a lo mejor es para que construyas sobre ti mismo”.

Hay muchas más iniciativas como jugar al bingo con los vecinos desde cada casa, o pinchar música…

Muchas gracias 

Un abrazo 

(1)  En enlace para descárgate el software de videoconferencia zoom para acceder a la meditación que regala Cecilia. https://zoom.us/meeting/vJMvfuirqj4jp84uS47_DpJTx8WwNExZkg/ics?icsToken=98tyKuivrDIrGdCQuV_9f7AvA4X_b_G1iGEW_rZuyEjaJzB5VhuuAfVsF6pFG9-B


La ID: 172 913 459 y  la contraseña 122763 


(2)  Los pantallazos de la guía de recomendaciones psicológica, sobre todo para los que estamos solos, los puntos 5 y 6.  





























jueves, 13 de febrero de 2020

Kintsukuroi



Al día siguiente que Daniel, (mi médico de la Fraternidad), me diera el alta laboral, me fui a visitar a mis padres, ya 
jubilados en la playa. Al despertar al día siguiente y coger el móvil, con el cable del cargador tire un cuenco que había en la mesilla de noche donde dejo las llaves y los dineros… Hace seis meses lo hubiera tirado a la basura, hoy he aprendido a tener la paciencia para darle una segunda oportunidad y hacer un Kintsukuroi, reparándolo, al saber que el objeto es más bello por haber estado roto. Mostrando una nueva vitalidad, capacidad de resiliencia y superación. 

Mientras lijaba, pegaba, embellecía el cuenco de barro, pensaba en la actitud con la que los duendes de verde de rehabilitación de la Fraternidad han pegado mi físico. Desde la alegría y vitalidad de Marisa, Nieves y Rocío, a las conversaciones abiertas de Cris, Edu, Rubén, Leire, Vanesa, Guiomar, Keka, Rocío y Aitor que te invitaban a interactuar con ellos como iguales, cual fraternidad. Mientras sus expertas manos te iban lacando con oro las grietas de tus músculos, y de energía positiva la mente, para intentar PNLearte y convencer a tu cerebro que el dolor se tiene al despertar el cuerpo, pero el sufrimiento se elige, y así recuperarte antes. 


Desde el primer día que llegué al taller de alfarería humana, me recordó a los campamentos de verano que iba de niño. Enseguida estuve rodeado de cuencos que se esforzaban a diario por cerrar sus lesiones y armarse de valor para volver a ser contenedores de conocimiento, sabiduría y alegría para facilitar la existencia a otras personas. Aunque a veces pareciéramos una colección de jarrones chinos, parte de mi capacidad para volver a ser un facilitador de innovación se la debo a las conversaciones con esos maravillosos jarrones, jarras, platos, cuencos, vasos, copas, vasija de porcelanas y de barro que me han acompañado durante cien días en el taller de reparación cerámico. 


Gracias a:
-       A Luis (femur) por su enorme sorisa inasequible al desaliento, llueva, truene o nieve.
-       A Pilar por enseñarme a sobreponerme para ayudar a los demás sonriendo por muchos vértigos que le dé su hombro. 
-       A Javi (app) por recordarnos cada día al llegar la importancia de estar vivos.
-       A Teresa por enseñarme que el equilibrio es mejor que vivir al límite. 
-       A Blanca por empeñarse a que anduviera bien con la pierna buena, porque se me había olvidado.
-       A Sandra por subirse a la bici para acompañarnos en las últimas rampas del Col do Tourmalet del nivel 16 (tope). A la par que instruirme sobre los diferentes andares de los elefantes marinos y los pingüinos. 
-       A Julio por ayudarme a estar más conectado con mi ser.


-       A Manu, por las “carreras” de columna a columna que me ha ganado, excepto la última que hubo que tirar de VAR.
-       A Alberto por mostrarnos su sonrisa a diario a pesar de los dos meses que se pasó “probando” camillas durante horas, ¿para cuándo un mus en el bar?
-       A Stephi por enseñarme a ser paciente, y pensar cantando sin perder la sonrisa
-       A Antonio (tibia) por enseñarme los baches del camino para que no cayera en ellos. El día que hice las sentadillas sabía que por fin volvería al ruedo laboral. 
-       A Claudia (Vanesa adivina quién es) por su capacidad para mirar a la vida de frente y ser asertiva.
-       A Carmen por enseñarme resiliencia y como remontar los bajones con una rubia sonrisa.


-       A Nacho por enseñarme a andar como los pingüinos.
-       A Luis (cervicales) por ponerle swing a la vida.
-       A Patricia por sonreír con la mirada, mientras sus cervicales le retaban a Edu.
-       A Ángel por sus enseñanzas cual pozo de sabiduría vital
-       A Marta por su capacidad de sobreponerse y mirar para adelante
-       A Antonio con gafas (tobillo) por darme relevos en las largas etapas de bici
-       A Ezequiel por esas charlas entre autónomos que nos dan tanta vividilla mientras pedaleamos.


-       A Nataly por dejarme pasar el turno con Rubén sin perder la sonrisa
-       A Olga y Rhonda por no perder la sonrisa pasará lo que pasará
-       A Antonio (tobillo) por permitirme hacer click para ser parte de la solución.
-       A cristina por sobreponerse a lo que pueda venir sin perder la ilusión
-       A David por los entrenos para preparar la san silvestre 2020… La 2019 se nos pasó. 
-       A Rubén (Javí) por enseñarme a andar sobre los talones, algún día bailaré.
-       A Ramón y Milton por enseñarme a “callar” y escuchar, porque todas las personas tenemos algo interesante que contar y aportar a los demás.



PD: Muchas gracias también a los de sonrientes futuros alfareros de blanco: Marie, Hugo,  Esthel, María, Matilda y su compañera, por masajear nuestras músculos y tendones con laca de plata. 

PDII: 100 gracias por cada día que me habéis hecho la vida más fácil, puede que coincidamos en el futuro, de momento  que nos quiten lo casi "bailao". 



miércoles, 5 de febrero de 2020

Crearme el trabajo


Hace unos días una amiga me preguntó “¿qué tal va la búsqueda de trabajo?”, a lo que respondí, "como en ocasiones anteriores, el empleo me lo creo". 

Creo recordar que tan sólo he respondido una vez a un anuncio con una oferta de empleo, y fue hace un cuarto de siglo para ser repartidor de Pizza World mientras estudiaba Administración de Empresas. Por esa época, acabe escribiendo relatos en la revista La Moto, tras enseñar un prototipo de relato a mi admirado César Agüi en una visita al templo que era la redacción de Motorpress que me facilitó Juan Pedro de la Torre, ¡gracias!

Con 25 años acabando la carrera (mucha cafetería y organización de fiestas), en el Salón de la Moto de Madrid en Ifema, aproveché para darle un curriculum a cada encargado del stand. En el de una marca de ropa de moto que desconocía, me entrevistó mi futuro jefe y me dijo, “me da igual la formación que tengas, lo que me interesa si eres un buen comercial”. El día que fui a la segunda entrevista, flipe al ver que aquella marca de ropa era de la empresa que era distribuidora de motos Honda en Madrid. Empecé de chico de los recados, pero a los tres meses, acepté llevar un concesionario oficial de los dos que tenían en Madrid. Aquel curro me encantó. 

Con 29, y aprovechando la otra vez que también me rompí un hueso por otra caída en moto, me acorde que de pequeño quería tener una fábrica de motos. Ya sabía venderlas, así que tocaba aprender a diseñarlas, así que pare y estudie la ingeniera técnica diseño industrial en el IED de Madrid. Acabando la carrera, volví a Ifema a ayudar a un profe a montar su stand, y allí me encontré a una persona que se acordaba de las fiestas que montaba en la uni. Resultó ser parte de la organización de aquella feria, Casa Pasarela. Fue un placer ser parte de aquella feria y ayudar a descubrir y potenciar a jóvenes y talentosos diseñadores.

Con 36 la crisis del ladrillo se llevó por delante Casa Pasarela, así que me gané la vida creando una marca de estrategia e innovación con aquel chico que me reconoció en Casa Pasarela. De aquella época creamos el que hoy en vez de gin-tonics bebas cocteles mexicanos. 

Con 40 me tocó empezar de cero de nuevo, ya que mi hinchado ego no vio venir el bulling que me hizo mi socio, que se quedó con todo el negocio. En ese momento, escribí el libro "Abre puertas, cómo vender a empresas", para encontrarme un curro de lo que sabía hacer. Y bien que cumplió su objetivo. 

Hoy camino de los 45 y casi casi de alta laboral, agradecer a Mariajo Cano, que cuente conmigo para mi aterrizaje laboral en el próximo coworking EOI en Cuenca. Por cierto, nos falta una persona emprendedora para dar el pistoletazo de salida a la formación. ¿conoces a algún conquense que quiera aprender a emprender? Si es así que envíe un mail a cwcuenca@eoi.es y contará con la ayuda de un plantel de mentores curtidos en ventas y desarrollos de negocio. 

Tras la prueba vital del 19 de septiembre de 2019, tengo que retocar la puesta a punto del curro que cree, para el día que vuelva a conducir una moto estar en plenitud pensando sólo en eso, sin más preocupaciones que surfear la próxima curva. Aparte del libro que escribo ahora, toca convertir en clientes las innovaciones de hace un mes de la startup de comida, y otras cosillas que no hay que contar porque si no, no se realizan, es lo divertido de innovar, estar de pie para ver si has superado el reto inicial. 

PD: Jajajajajaja. Me ha salido una carta de presentación. Tengo la curiosidad, si se da la posibilidad, de ampliar este texto dentro de 30 años con las anécdotas laborales, camino de crear una nueva con tres cuartos de siglo en mi haber y unos cuantos lustros más por jugar a vivir. 

¡Vamos a ello!

jueves, 30 de enero de 2020

El sufrimiento se elige



El martes por la noche me dolía tanto esa zona que me señalaba del pie que la hice una foto para al día siguiente explicarle mejor a Rubén (mi fisio de la Fraternidad) donde me dolía. No sé qué tocaba, si era hueso, tornillo, tendón o músculo, pero mandaba señales de alarma al cerebro, quizás los 7 kilómetros andados de un lado a otro por Madrid, aparte de la rehabilitación tendrían algo que ver.

A la mañana siguiente, cuando Rubén tocó, aquello resulta que era un ligamento, sí como eso que tienen los futbolistas en la rodilla. Empezó a hacerme un cyriax, y esta vez no sólo consiguió callarme, para beneficio de la sala, si no, que me tumbó del tirón, de estar sentado, pase a estar tumbado en la camilla e intuir durante unos segundos los cinco planetas alineados. El cyriax es una maniobra de choque y evasiva que invita a esa parte del cuerpo a desestresearse, con lo que reduce las llamadas de auxilio al centro de control. 

Como sabes, Rubén me mejoró la vida, el día que me explicó que tendría dolores irradiados en zonas que racionalmente carece de sentido. Pues bien, con el sufrimiento creo que pasa algo parecido. El dolor se tiene, son llamadas de auxilio, pero el sufrimiento se elige. Porque es decisión del centro de control como quiere vivir la experiencia en los siguiente segundos, minutos, días o años. Como las personas que se suben a una montaña rusa, sabiendo que van sufrir el vértigo allá arriba.

Aunque nos hayamos dejado educar para echar balones fuera de lo que nos pasa, en realidad, sufrir es una elección gratuita. Cuando diferencias el dolor ya sea físico, emocional o energético del sufrimiento la vida es más sencilla, y como ha sido mi caso, acortas los plazos de rehabilitación. 

Es decir, no tiene sentido sufrir porque nunca superaré las pruebas para ser GEO, pero sí las de levantamiento de vidrio y barra fija. Mi brazo izquierdo en según que extensiones me dolerá, pero con unos estiramientos para evitarlo, la vida será más fácil y cero sufrimiento. 

¡Plena consciencia! 

PD: Marina, muy buenos días