Gonzalo Osés

Gonzalo Osés
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martes, 25 de febrero de 2020

Liminilidad en Horeca



Ayer al visitar la feria HIP (Hospitality Innovation Planet), es decir, canal Horeca (Hoteles, restaurantes y cafés), me acordaba del momento tan liminilidoso al que asistimos, donde coexisten lo nuevo con lo anterior. 


Por un lado, el espacio de charlas sobre cocina fantasma, delivery, automatización total de la cocina de restaurantes (Macco), las conseguidas texturas de carne de pollo (Heura foto 1) y atún (Tunato foto 3) vegetales, la impresión 3D de carne (Nova Meat foto 2), la app que facilita a los restaurantes a disponer de un sumiller (The Wine O´clock), o si te subías a la planta a ver los stands de los digitales… estaban abarrotadas de personas menores de cincuenta años, hablando en un lenguaje que te entendías a la primera. 


Luego cuando nos fuimos a los stands principales de los proveedores tradicionales para empezar a chequear proveedores de maquinaría, packaging, ingredientes, nos sorprendía el choque cultural, al plantarles una cocina fantasma y su posterior replica si la cosa iba bien. Hubo gratas excepciones (David por explicarnos cómo cocinaba el horno sin salida de aires), pero la mayoría habituados a las grandes compras de grupos hosteleros estaban encantados de contarnos las cien referencias de su gama, cuando sólo preguntábamos por una. Por cierto, la edad media superaba la cincuentena, y es de aplaudir porque son comerciales que sobrevivieron a la crisis anterior, donde otros sucumbimos. Auténticos supervivientes, que bordarán en unos meses su capacidad para adaptarse al medio siempre cambiante de la hostelería. 

Ambos entornos se fusionarán en el momento que lo exponencial, digital, iot, robótica, entrenamiento intenso de algoritmos pase a ser algo rutinario de cada día, y los vendedores entiendan que su empleo no está en juego, siempre que no sea fácil, rutinario y aburrido. 

Pocas profesiones son tan emocionantes como la solución de problemas ajenos a través de la venta.

¡Plena venta!


sábado, 22 de febrero de 2020

First Lego League Madrid 2020


Reconozco que lo de hacer cosas normales y rutinarias me aburre solemnemente. Para combatirlo nada mejor que asistir a las clases magistrales de innovación a la par que gestión de talento, que nos imparten los equipos de cuatro a diez personas, entre 10 y 16 años que concursan en la First Lego League. Hoy en la final autonómica madrileña en la Universidad Camilo José Cela.

Es un placer ver cómo proponen soluciones al desafío lanzado este año para hacer ciudades sostenibles, y cómo les condiciona el ecosistema donde viven, así como la educación que están recibiendo tanto en el cole, en casa y en su localidad.

La selección se divide en dos, por un lado, las misiones que ponen a prueba el robot que son evaluadas por los árbitros, y por otro una presentación ante los jueces donde se analizan el proyecto científico que han creado planteando su solución al desafío y cómo la han investigado y desarrollado; los retos que han superado en el diseño del robot tanto en el hardware como el software; y sobre todo, y casi lo más importante para mí, si realmente se han divertido y cómo han fluido los talentos de cada miembro del equipo, respetándose para conseguir un resultado exponencial. 

Ganar esta fase para ir a la final nacional se suele conseguir cuando se juega unas cuantas ediciones, y se va asimilando la esencia de los valores de la FLL, olvidándose de las ansias de las direcciones de los colegios por ganar, de la presión de los padres retransmitiendo en directo su presentación, de que en vez de un examen es una fiesta, de las directrices de su entrenador, y sacando su esencia, su compañerismo, su convivencia, sus capotes que se echan los unos a los otros, y se dan la oportunidad de volver a ser niños y adolescentes, a jugar, a experimentar, a atreverse a bajar la luna para echar un partido, sin perder la esperanza y la ilusión por la que todo se puede lograr.

Este año, un equipo compuesto por mujeres ha arrasado, puede que si se suma tecnología, método y compañerismo bajo una visión femenina, se dé con la clave alquímica del éxito. Mucho que aprender de ellas. 

Lástima que hasta el año que viene no se dé la próxima clase magistral, mientras llega ese momento, me quedó con las reflexiones y las reacciones de mis profes, para seguir ampliando el campo de juego de la educación que nos traemos entre manos, y que en un par de décadas lideran ellos. Gracias.

¡Pleno aprendizaje!