Gonzalo Osés

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viernes, 8 de enero de 2016

Súperpoderes para un propósito


Si te has planteado cumplir un propósito "Súperpoderes del éxito para gente normal"  es tu confidente del Mago More. Porque lo que a primeras parece magia es fruto de su reaprendizaje personal para superar su propio descarrilamiento.

No veo la tele, por tanto al personaje no lo conocía más allá de lo que tuiteaba, frases con una gran carga vital y cercanía. En el libro la gran sorpresa es que el punto de partida suyo es más demoledor que el de la mayoría, a la vez que se desnuda empatando con el más común de los mortales, declarándose campeón mundial de la procastinación y excusologo profesional, vamos un postergador… Y desde ahí te cuenta su prueba y error.

Tanto por la visión como la misión del libro, enseguida me recuerda a “Los 88 peldaños del éxito"” de Anxo Pérez de la misma editorial. Ambos autores cuentan su experiencia personal para ayudar a por lo menos que cambies el chip, si bien, Anxo se tiene que excusar en que tiene sino unas habilidades para unas cosas, More directamente te dice, ¿qué tú eres un procastinador, pues yo lo era más?

Por tanto, no es el coach que te ayuda, sino el hermano mayor que por circunstancias ha tenido que sobrevivir. Y que se ha tenido que empollar todo lo existente para encontrar la pócima de su magia. Como la metáfora entre motivación y voluntad, la primera es la cerilla que prende la llama, y la segunda es la vela que nos ilumina durante toda la noche. Lo cual, viene muy bien, para los que creen que tras subir los 14 ocho miles se llenarán. Ja, que se lo pregunte a Pasaban.

Además, ambos entran en la tendencia actual “stop wish, start doing”, (deja de desear y haz), gamificando ambos libros, Anxo con un juego de cartas y More con una app de realidad aumentada. Mientras Anxo habla de escalones, More saca conejos de su chistera, perdón consejos, pero para mí un mago es un mago. ¿Tendrá alguna relación hAGO con mAGO y con GO (ir)?

Por tanto, me da que Superpoderes serán tan exitoso como los escalones lo fue el año ya pasado. Porque te da mini trucos accesibles a primerizos para reducar tus hábitos vitales, desde la alimentación al coraje para conseguir ese proposito de año nuevo, pasando por... exacto, la meditación. Y la guinda del pastel, como conseguir concetrarnos en el mar de minas que es Whatsapp y la intrusión del móvil, ya una de las nuevas enfermedades...

martes, 27 de octubre de 2015

Sin el sudor de tu frente III


Para no perder el tiempo en luchas intestinas en las redes sociales, tengo que aclarar que en la práctica y con los limitados conocimientos que tengo ahora mismo para canalizar el talento, hasta yo tengo que hacer trueque con el esfuerzo, en forma de motivación.

Pido disculpas a quien se sienta atacado/a por mis palabras en "Sin el sudor de tu frente II", pero es un desarrollo para mapear cómo puede ser nuestro ámbito personal, dentro de una década. Que intente mapear la transición a la tele transportación, no significa que sustituya a mi moto para desplazarme ahora mismo. No obstante, si alguien quiere dialogar con posiciones contrarias le invito a que lo haga aportando una alternativa, como escribe César Bona en "La Nueva Educación" (Plaza Janes).

Volvamos a la cuestión, si para cocinar no frotas dos lascas de piedra para hacer fuego, (y mira que sería una gran motivación conseguirlo), ¿por qué tenemos que hacerlo para realizar las acciones que nos proponemos? Es un auténtico sin sentido.

Más aun, como escribe Raquel Roca en el libro “Knowmads” (Lid) hemos pasado de un modelo industrial, sólido y definido (Hardware), donde nos habían ninguneado e igualado a la baja para hacer de robots no pensantes, a la economía de la información, líquida y adaptable al medio, (software), donde basta con tener un móvil y saber inglés para hacer consultoría a cualquier empresa del mundo, desde tu casa.

El sistema educativo está innovando y tranzando un acueducto para regar los campos fértiles de la motivación y la perseverancia con el oro transparente que es el talento. Enseñando a hablar en público, a argumentar y tener un pensamiento crítico… Enseñando a ser humano… Me da vergüenza que todavía estemos tan atrasados.

Recuerdo las palabras de Joaquina de Instituto Hune (Humanidades y Negocio), cuando estudie el master de comunicación aplicada, “enseñamos a las personas a comunicar lo que quieren hacer, para que sean quienes dirijan su vida”. La revolución puede que pase por potenciar el dialogo (sin gritar). Por ahí van los primeros pasos, aprender a decir no, no al cerebro reptiliano, no al miedo. He escuchado a más de un gurú del emprendimiento, decir que un líder sin miedo es un loco, porque puede arrastrar a toda la empresa a que salte por la ventana…

Sobre aprender a decir no, de nuevo doy las gracias públicamente a Felix Lozano de Team Labs por el artículo que me envió “Menos es más” de Raimón Samsó (El País) y el principio de Pareto, por el cual, el 20% de nuestro esfuerzos es responsable del 80% de lo que conseguimos, la clave está en identificar ese 20%.

Discrepo con Raimón porque su guía para afrontar el reto no suele servir, es decir, plantea empezar por el esfuerzo más complicado, para luego ir a por los demás. El problema es que se olvida de la  procrastinación (comprometerse a hacer algo y no hacerlo jamás, o alargarlo hasta que aparece un deadline externo). Esta palabreja castra la actitud de la persona y olvidándose de asumir un reto en vez de cuatro. ¿Cuántos adolescentes están varados camino del paro? ¿ A cuántos les gustaría decir a las claras lo que quieren hacer como los All Blacks? En vez de quedarse mirando a verlas venir. 

La cuestión no es combatir la procastinación, sino como eliminarla del tablero, ¿Qué escenario tenemos que crear para que la palabreja caiga en desuso?