Gonzalo Osés

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lunes, 17 de junio de 2019

El error, la puerta del progreso


Esta mañana Jorge Benítez publicaba un artículo con la idea difundida por Hemming Beck que el error humano, nos salvará de ser mascotas de la inteligencia artificial, porque ésta no es creativa y solo sabe seguir las reglas. Entonces ¿cómo pudo un programa de Facebook crear un idioma ininteligible para nosotros y que los diseñadores del algoritmo no habían programado?

Lo que me parece muy interesante es aceptar el supuesto, que cometer errores fue clave para descubrir CRISPR, el Goretex, los Post-its… ¿sigo? Es decir, avances estratégicos para el bienestar han venido por plantarse ante la norma, la convicción social aceptada por todos para gestionarnos, como apuntilla Harari. 

Ese error es la puerta de la creatividad, y la misma es un puente entre la inteligencia humana, y la inteligencia universal. Puede que las innovaciones disruptivas con grandes impactos sociales no vengan por repetir por enésima vez el método científico que nos da seguridad, si no, por poder aterrizar ideas que están en el aire, y para aprender a hacerlo te sugiero que te pases por El éxito del fracaso.

En efecto, el ser humano, tiene una oportunidad frente a los ya creativos algoritmos que pintan como Rubens o componen como Mozart, la de conectarse, como ser vivo orgánico con su origen, al ser consciente de quién es y qué aporta a la comunidad.

jueves, 23 de mayo de 2019

"En el Futuro, perspectivas para la humanidad" #FeedbackLibro



Los capítulos impares del libro "En el futuro, perspectivas para la humanidad " del afamado astrónomo Martin Rees son dignos de enmarcar.

El primer capítulo es de los análisis más concretos y claros de la emergencia climática a la que asistimos atónitos,  a la par que explica cómo debería ser el nuevo sistema económico que nos reinventemos, basado en un crecimiento sostenido basado en innovaciones parcas en recursos y energía. A la par, que tener una planificación de infraestructuras y políticas a medio siglo. Aunque como escribe hay "un gran bache entre lo deseable y lo que se hace en realidad". Así mismo, recoge un buen número de innovaciones ligadas a creación de comida o a la salud como Imposible Foods o CRISPR. 

El capítulo tres, es una delicia, al leer de la mano de un gran astrónomo las posibilidades de exploración espacial que se abre ante nosotros, sobre todo si asumimos ciertas mutaciones genéticas. Muy recomendable. Pero sin perder los pies sobre la Tierra, al contradecir a Elon Musk, al escribir sobre la urgencia climática a solventar en la Tierra, al ser mucho más habitable la cumbre del Everest o la Antártida que Marte.

Por otra parte, el capítulo 4 se adentra en un apasionante debate para encontrar la llave entre la física tradicional y la cuántica, a la par, que darme pistas para la internet de las personas (iop) que estoy investigando, habrá que explorarlas.  

Lo que no entiendo, es como la editorial permitió que el autor se adentrará en el capítulo 2, en temas que no es una referencia científica y emitiera juicios de valor, que lo dejan en tan mal lugar, como son plantear debates presentes como futuros, como el miedo a la privacidad o a las fake news, o a los coches autónomos, o reírse de la crionización cuando más adelante si apuesta por una singularidad en inteligencias inorgánicas electrónicas, ambas metodologías evangelizadas por los mismos Transhumanistas.

Sobre la conquista de Marte al estilo lejano oeste que tanto se está comentando en los corrillos del próximo TED, el original, el de Vancouver, plantea en la página 119 “la exploración del espacio… quizá necesite algo de reglamentación pública, pero el ímpetu debe ser privado o empresarial”, y posteriormente, en la 174 sobre la solución a la supervivencia en la tierra hace referencia a la necesidad que los países si cedan soberanía a organizaciones como la OMS o el protocolo al acuerdo posterior a la Conferencia  de París sobre Cambio Climático, o que las nuevas organizaciones tipo Google o Facebook tiene que rendir cuentas a los gobiernos….

Es decir, para avasallar un planeta es bueno el libre albedrio, en cambio, para salvar un planeta arrasado por esa misma causa, hay que ponerse de acuerdo, y entender que no vale todo. ¿Acaso no hemos aprendido nada como especie? 

Con todo un libro para generar debates muy interesantes, pero sin fiarte mucho de las recomendaciones de la contraportada, a riesgo de no poder cumplir las expectativas que generan.