Gonzalo Osés

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martes, 6 de agosto de 2019

Quien abre camino...



Sin patria, sin rey, sin sombra, sin techo,
Sin lobos que digan si tengo derecho.
Sin rumbo, ni asfalto, peaje ni encaje,
Sin premio, sin precio, quiero ser salvaje.

La oscuridad me da miedo,
Soltar la mano me da miedo,
Quien abre camino, no tiene quien le dé consuelo.

Con todo, con todo, atravesaré la vida.
Con todo, no me quedaré en la orilla.

Sin credo, sin ley, esa es mi certeza.
No quiero un jardín, sólo campo y maleza.
Sin foco, sin flash, sin astro ni estrellas.
Sin fe en la luz que viene de fuera...

Esta canción por nombre “Quien abre camino” del barcelonés Enric Montefuco me llegó al alma en su concierto del 17 Festival Ribeira Sacra mientas me conectaba con las meigas gallegas. Desde entonces acuna mi ser. 

Vuelvo a los madriles, tras 23 estimulantes horas en Barcelona, tras enterarme que unos amigos, diseñadores, a los que admiro, volvían esta semana a su ciudad, tras trabajar innovando el resto del año por Sudamérica. Después de la emocionante conversación, que bien vale un ida y vuelta en el AVE, creo que el himno de Montefusco describe muy bien el mundo real de la innovación, el que escapa a los focos de las redes sociales de captación de datos.

También, estaba en Barcelona, una alma libre, maga del aquí y del ahora, de la coherencia del ser en el presente, el verdadero regalo de la vida, ¡disfrutarla! Energía en estado libre, sin apegos, sin querer domesticar a nadie, tan solo, con su alegría dibuja sonrisas en los que la rodean.

En definitiva, dos clases magistrales sobre cómo “atravesar la vida, y no quedarse en la orilla”. 

¡Muchas gracias!

Con todo, sigamos abriendo camino, ya que es nuestra esencia. 

Aquí, tienes el videoclip de la canción, disfruta:



PD: foto inicial de escultura jardín de Fundación Joan Miró

martes, 19 de marzo de 2019

Aprendiendo de Barcelona



Cada cierto tiempo me suelo ir a aprender de la ciudad de Barcelona, tan solo andando y mirando de forma activa el discernir de cada edificio y el discurrir de la vida que se genera a su alrededor. Una energía muy especial que fluye de la montaña al mar, y que transmiten a manos llenas las personas que compartieron sus enseñanzas conmigo. 

Hay muchas Barcelonas: la de Gracia, la del CCCB/Macba, la Santa María, 22@, las ramblas, la que asiste atónita como miles de elefantes marinos guiris sestean en la Barceloneta… 

De todas, la  que me encanta es la del Eixample, con sus esquinas rematadas en chaflanes que detienen el tiempo, y crean un espacio temporal donde dialogar contigo mismo, una pausa en el camino, una posibilidad para mirar hacia arriba a la par que a tu interior, y flipar con la casa china, la de los caracoles, la de Manuel Llopis Bofill... con sus curiosos y elegantes portales, y sus vividos patios interiores de manzana, donde se respira diseño en cada detalle. 

Sí, no me olvido, también la Barcelona de Gaudí, la de la casa Milá, y sobre todo la de la Sagrada Familia, un ícono en sí misma, con el que Gaudí dibujo juegos de luz que iluminan el más cerrado de los corazones. 

De acuerdo, que el Eixample es la Barcelona de la burguesía, de la industrialización, y a diferencia de otros barrios pijos de otras ciudades, en el Eixample siguen cultivando a fuego lento humildes comercios de toda la vida, generación a generación, sin que las alienistas franquicias de turno se atrevan a salir del Paseo de Gracia. Un distrito construido por empresarios que ahora se llamarían emprendedores, aunque sea más cool y posiblemente más barato reempezar en otros gentrificados barrios. 

PD: El viernes mientras meditaba qué foto de las cientos que había hecho, podría abrir este post, como siempre, la respuesta me encontró a mi. A la vuelta del convento de los Angeles, me encontré la instalación de Allez! en la Plaza "no mirar", muy chula, donde con cinta de carrocero, formaban espacios de vida, que te invitan a la acción, a la creación, a la innovación en la educación.