Gonzalo Osés

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lunes, 11 de diciembre de 2017

Estúpido, son los patrones de comportamiento




La semana pasada, Google anunciaba que a partir de enero de 2018 Android va a pedir que todas las aplicaciones que conecten a su sistema que pidan permiso por recopilar datos como el número de teléfono o el email. Lo cual, es normal, porque en mayo entra en vigor la nueva ley de protección de datos, y no creo que se quieran arriesgar a otro multazo como el que está pendiente de discernirse de 2.400 millones por abuso de posición dominante.

Con pena decirte, que eso es un juego de niños, comparado con la realidad, donde la misma marca reconoció la semana pasada, que, aunque no tengas activada la geolocalización, saben perfectamente donde estás. Y la cosa es sencilla, la aplicación de tu móvil está constantemente buscando la red móvil para que puedas estar conectado a los tuyos, así que saben desde que repetidor estás conectándote.

Es decir, si tienes estás con varios amigos y sois usuarios de una aplicación, ésta sabrá que estáis juntos. Y un sitio, más un lugar, más otro, al final, al rastrearte en tiempo y mapear tus hábitos, acaban creando un hábito de comportamiento, y sabiendo qué haces y qué potencialmente podrías hacer. Con lo que, se dedican a ofrecerte publicidad sugerida de actividades que te podrían interesar, y que curiosamente coincide mucho con lo que sueles hacer.

Como muestra, un ejemplo, la semana pasada consulté desde mi portátil sobre el Think tank Real Instituto El Cano, y adivina, que vi en Facebook en mi móvil, na da más abrirla, pues una publicidad para visitar el barco Juan Sebastián El Cano… Menos mal, que los algoritmos semánticos todavía por mucho que los entrenen no lo acaban de pillar, de ahí que en breve tengamos chatbots para que les entrenes gratis. Si, ¡gratis! 

Te preguntaras qué cual es el problema, pues tan sencillo, que con esos seguimientos a diversas empresas que se están forrando a costa de venderle a otras marcas que te conocen, y esa información que extraen de ti, y que aceptaste al aceptar sus condiciones de uso, no es que sea ilegal, pero digamos que están obteniendo unos datos privados, que deberían no sólo pedir tu consentimiento, si no, en un futuro empezar a pagarte, por lo menos por entrenar algoritmos a través de los chatbots.

Si te pagan por el intercambio de datos de conocimiento y experiencia en tu trabajo a cambios de x horas, por qué no te deberían pagar, por entrenar algoritmos, para que en 2027 la inteligencia artificial superé el test de Turing al no poder hacer todo tipo de actividades mejor que un humano. Vamos a la desaparición del trabajo fordista, donde se educa a niños a ser robots o adultos. Se destruyen 10.000 puestos de trabajo por cada un empleo Knowmad, con lo que los niños no trabajaran, si no que talentcobraran sin someterse a la normalidad. 

¡Ah! Cuidado con vestir a estas sirenas (como las llamaba Jaron Lanier) de economía compartida, en este modelo de negocio, el 99% de la población comparte su sabiduría su esencia y entrena gratis a los algoritmos de búsqueda y el 1% se forra a costa de los demás. 

La decisión está en tu mano, decidir por ti si ser un polimata cual TSQV o un HMYV. 

jueves, 7 de diciembre de 2017

Ortografía para todos


Te voy a confesar una cosa, cada vez que público un post de este blog, a la par que lo subo a las redes, se lo envío a mis padres… Y siempre me envían su feedback, sobre todo el de mi padre, que más allá del contenido, me lleva dando caña y con razón desde aquel lejano otoño del 2014, respecto a la ortografía, la cual, mejore en 2015 al leerme 43 libros a cada uno más masterclass que el anterior. La cosa ha ido mejorando, pero te confieso, que ni de pequeño me aprendí bien los giros gramaticales, ni la acentuación, y lo he ido arrastrando hasta ahora. Tengo pánico a comerme una hache en el típico “ha comido” o los famosos “ahí, hay” o las ayudar a las esdrújulas a subir a la pasarela. Y no, los correctores no son infalibles.

Me he comprado cuadernillos con la teoría, con las leyes de la gramática, pero te reconozco que eran tales ladrillos, que acabaron formando parte de la gran muralla china de libros que amueblan la estantería del salón.

Y aquí seguía, más perdido que un pingüino en un ascensor, cuando de repente, el año pasado los cracks Josema Serrano y Juan de Sin Faltas lo petan con una tabla periódica, y mira que la tabla de símbolos químicos tampoco conseguí aprendérmela de pequeño, menudo año de rebeldía adolescencia le di a la profe de física y química…

Ahora la sorpresa, es el libro " Ortografía para todos”, que te reconozco que iba a ser el tocho de nuevo de 2+2… Pero ¡Qué va! Ni mucho, menos, reconozco que me ha dejado pillado, con la mosca detrás de la oreja, y mira que a diario me cuentan propuestas muy interesantes de hackear lobbys o disrumpir en un sector. Pues me da que, aquí tenemos un ejemplo, de algo que puede liarla mucho en la RAE, al tener la sensación de estar de cañas con Juanma y te va contando cotilleos lingüísticos, que te sorprenden uno tras otro, al no imaginarte las posibilidades que dan los elementos químicos.

Por primera vez en mucho tiempo, he hecho caso a un autor en su presentación, y no me he metido del tirón el almanaque entre pecho y espalda, si no, que he ido cotilleando a salto de página, sorprendiéndome gratamente los descubrimientos adquiridos, y es que al no ir de frente como van el resto de libros, pues tu ego se relaja y entiende que no está ante un examen de la antigua educación, si no, ante un aprendizaje de la nueva sociedad en beta que estamos construyendo, al recibir la info de forma relajada,  a la par que rigurosa. Más aún, cuando los datos cobran cada vez, más relevancia, de tal forma, que de poco sirve el bigdata o los smart contracts si lo que estamos metiendo en los chats de los que aprenden los algoritmos palabras con error gramaticales. 

Lo dicho, un libro para volver no solo a mapear la ortografía, si no, también para ponerte al día, porque, aunque parezca mentira la RAE sigue innovando sin pausa. 

PD: Decir que al mencionar en twitter a Sin Faltas, me han pasado al artículo corregido, lo cual agradezco, al ser uno de sus actividades claves como Startup, pero no lo voy a cambiar, excepto la corrección del nombre de Juan, que siempre pienso en su socio. ¿La razón de no cambiarlo? Sencilla, si no cambio las correcciones de mi padre, cómo voy a cambiar las  de otros. Con este blog no quiero sentar cátedra, ni tener un marketing perfecto, tan sólo refleja un aprendizaje, una rebelde imperfección constante y poco académica. Así que, como le digo a alguien cuando tropiezo con él, "lo siento, pero no por esta vez, si no, por la siguiente..." Es decir, prefiero ser coherente con mi ignorancia actual, que aparentar saber escribir bien.

DP: acepto invitar a una caña por cada incorrección gramatical que aciertes.