Gonzalo Osés

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lunes, 6 de mayo de 2019

iop, internet de las personas


Una vez validado que es posible conectar con otros animales a través de un estado parecido a la meditación. Me propongo aprender a hacerlo con plantas, las cuales tienen 16 sentidos sensoriales más que nosotros. Como paso previo a ser capaz de conectar con otros humanos sin el móvil. 

Creo que para conectar con otras personas es necesario programarnos vía PNL para desconectar nuestra mente y fluir sin miedo en confianza en nosotros mismos. 

A la par que tengo dudas para validar:

-      ¿En qué onda eléctrica se establece la comunicación?

-      ¿Hay que pedir permiso al otro ser? Es decir, con un animal doméstico se conecta previo consentimiento de su responsable. Quizás, sería bueno crear una plataforma de encuentro para personas que deseen conectar de forma telepática 

-      ¿Qué grado de conversaciones profundas e intercambio de archivos se pueden tener? Para ser capaces de desconectarnos de la dependencia del móvil, redes sociales online de captación de patrones de comportamiento, etc.

-      ¿Puede ser más potente que 5G?

-      ¿Puede sustituir a Internet de las cosas, al ser el internet de las personas?

-      Si nos pudiéramos comunicar por telepatía entre todos los seres humanos, quizás, cambiemos el modelo económico, al no ser necesario desplazarse a un lugar para aportar valor, ya sea trabajar, celebrar, amar, sentir… 

-      ¿Puede ser una medida contra el cambio climático? A la par con el exceso de consumos estéril basado en un búsqueda compulsiva de la felicidad que lo único que genera son ingresos para los coachs y un continente de plástico. 

Cuestiones por validar, tan solo queda emprender esta aventura. 


martes, 15 de marzo de 2016

Pide tres deseos



Hace una semana de nuevo en la Fundación Rafael del Pino, tenía el honor de desvirtualizar al evangelizador del futuro José Cordeiro y profesor de la universidad de la singularidad, la cual es ahora mismo, casi como la carta a los reyes magos, en 15 ó 20 daremos muerte a la muerte, acabaremos con las enfermedades…  Mientras me quedaba con una de sus frases “no tengan miedo a la inteligencia artificial, sino a la estupidez humana”.

Tuve el gusto de frotar su lámpara en el turno de preguntas, y delante de Yuri Fernández de Uber, le pregunté en qué año tenían previsto decirle al gran público, que no hará falta desplazarse a la oficina para llega a fin de mes. Reconozco que le metí en un aprieto, pero para eso es un genio, para que adelante el futuro sin caer en la negación de la realidad actual… y allá que fue “en 15 años no harán falta ni choferes, ni camioneros”. Es decir, el Uber actual habrá pivotado unas cuantas veces, o puede que hasta haya sino desaparecido, si quedarse como un jubilado al pie de una obre inacabada.

Bigdata, fintech, gamificación, drones, termografía, bioimpresión, realidad aumentada, internet de las cosas… son incipientes realidades que anteceden a la gran revolución, la del conocimiento, la del internet de las personas, con nombres y apellidos, dueñas de sus conocimientos y de lo que vender al mundo, ya no será sólo su empleabilidad, sino sus datos de comportamiento, de experiencias vitales de catalización de su conocimiento lo que realmente valdrá como moneda de intercambio. Hace tiempo que Javier Sirvent dijo que la bitcoin no sería la moneda del futuro, sino la de los datos.

Nos esperan nuevas inteligencias por abordar, frente a la artificial estará la colectiva, la que nos identifica como especie, porque por encima de envidias somos sociales. El alioli será un mix de ambas. No me cansaré de decirlo, el verdadero empoderamiento de las personas será no sólo cuando le extraigan sus datos por el bien de la humanidad, sino cuando se vea recompensado por ello, de forma concreta e inmediata.

Seguro que el profesor Cordeiro conoce el mapa del tesoro. De momento, sigo explorando las huellas de los Sirvent, Cordeiro y otros evangelizadores del presente cercano.