Gonzalo Osés

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domingo, 26 de febrero de 2017

Todos somos un poco raros


Vuelvo a la carga de la crítica de libros, y al igual que hace un par de años, empiezo por un autor que me cambió la vida. Sir Seth Godin y aquel fantástico “El engaño del ícaro”. En este caso, ni más ni menos que “"Todos somos un poco raros", el auge de las comunidades y el fin de lo normal” de la Alienta editorial.

Este título no le hace la competencia a su hermano mencionado, pero su fin es parecido, lo enfoca para el director de agencia de publicidad, que ahora no puede sólo escuchar a un único target y desde ahí transmutar poco el mensaje y casi no adaptarlo a las múltiples colectividades con sus propios tótems. Si bien, es cierto que la inmensa mayoría vestimos más o menos igual los colores de turno, se va aceptando que somos más un DNI, una tarjeta de crédito y un voto cada 4 años, y eso quién lo heredó…

La aceptación de que todos somos un poco raros, me viene a huevo para enlazar una reflexión que tuve hace unas semanas con Javi Moral de Fangaloka en el último Fuck Up NIghts madrileño, y es que somos los raros, los que nos salimos o nos apeamos del sistema antes o nos apearon por falta de normalidad, los que ahora acompañamos e iluminamos parte del camino en la nueva oscuridad a los normales, o ya ex normales, que no son asalariados. Medio tranquilizándoles a convivir en la incertidumbre laboral total, pan para hoy, y migas para mañana que veamos el camino de vuelta.

Si de algo estoy seguro, es que más allá de los vientos alisios del emprendimiento estartapero, están los del autoempleo, freelance, autónomo o más cool knowmad. Donde hay que animar a los buenos profesionales asalariados de hace un lustro a dar un paso al frente salir de la fila, y exponerse para que los clientes le quieran comprar sus servicios, prescindiendo de las capas de cebolla de marketing y los de ventas de aquellas empresas normales del siglo pasado.

¿Qué año habrá más raros que normales? ¿Nos convertiremos otra vez en anodinos normales 25.0? 

miércoles, 1 de junio de 2016

Bailando con corderos


Felicito a IFEMA por organizar la semana pasada el Digital Enterprise Show (#DES2016), y atreverse a hacerlo en el pabellón 8, los que hemos promovido ferias ahí, sabemos los muchos metros cuadrados que tiene. Así que chapau, un claro indicativos de que el recinto ferial vuelve a convocar a la innovación.

La feria se distribuía en tres partes, al fondo, presidía un exclusivo congreso, vetado por su exagerado precio de la entrada. Al que seguían, la zona de expositores donde podías ver a la mayoría de marcas líderes tecnológicas tradicionales, léase Microsoft, IBM, Fujitsu, Everis, Salesforce, y las consultoras sombra de éstas como Accenture o Deloitte. A las que se sumaba una de las nuevas… Linkedin. En los pasillos laterales era muy interesante explorar entre las incubadoras oficiales de Libano, Israel o startups que se lanzaban al ruedo. Sobre ambos, orbitaban varios foros cual satélites.

Como no podría ser de otra forma, el mantra de fondo era la tan manida #TransformaciónDigital, que se salía a colación en cada foro, y en sí misma flotaba en el ambiente. Es decir, los conferenciantes en los foros satélites fueron referentes nacionales en marca personal digital, internet de las cosas, marketing digital, big data, networking, y knowmadismo. Porque todas esas personas ya son nómadas del conocimiento, es decir, consultores externos, freelances y autónomos, catalizadores del conocimiento que atesora cada empresa. Frente a ellos, estaban los comerciales de las marcas tradicionales, uniformadas incluso con chaqueta todos y muchos con corbata, y la mayoría hombres, en stands más de representatividad que de negocio, IBM triunfó con su futbolín.

Como era una feria de empresas digitales, aposté por ir con el dress code del Valle, entre la camiseta y la camisa con vaqueros y zapas, fui con polo, jersey, chinos y zapatos… Para mi asombro fui una isla en un mar de chaquetas. Más aun, algunos conferenciantes al verme así, no tomaron muy en serio alguna de mis preguntas… Bien es cierto, que estaban a evangelizar más que a hablar de estrategia a una década del sector.

En definitiva, se nos llena la boca hablando de lo digital, de la transformación, de la escalabilidad de las aplicaciones, de las redes sociales, de internet de las cosas, fintech, coches auto conducido, wearables, realidad aumentada, pero es lluvia fina, que cala, muy poco a poco. Dentro de un lustro, me apuesto a que los comerciales de esas marcas tradicionales, vendrán con vaqueros y polo, y quien quiera con chaqueta y corbata. Toda transformación es más un cambio de concepto vital y el dresscode del mundo de los negocios va a dar un giro muy liberalizador, eso sí obligará a dejar de rumiar en lo estético y en lo vital, para escuchar de fondo del silencio de los lobos.