Gonzalo Osés

Gonzalo Osés

martes, 5 de diciembre de 2017

CriStomonedas


El pasado viernes recibo una invitación en linkedin para asistir a presentación de una nueva criptomoneda que lleva operando desde 2016, una más de las setecientas y pico… El problema surge al leer el texto, muy de primero de primaria hablando de forma básica de economía colaborativa, en vez de compartida o economía en sí misma, sin apellidos. Y citando que en Noruega van a implantar en 2018 criptomonedas. Las dudas llegan cuando me pide un móvil para confirmar que voy al evento vía Whatsapp, ¿perdón? Es la primera vez que me piden eso, y mira que he ido a eventos privados…

Mira que soy retorcido, tras muchos dimes y diretes y preguntarle de la forma más empática posible, qué soluciona lo que está ligado a esa moneda, doy con la clave, al confesarme el vendedor de biblias, que sólo quiere evangelizarme sobre qué es blockchain y la oferta de las criptomonedas que tiene la empresa donde  curra de asalariado en cartera, y le choca que de cientos de personas con las que haya hablado, no quiera ir ni a su presentación ni darle mi móvil. Aparte, de acusarme por supuesto de faltarle al respeto.

¿Respeto? ¿Empatía? El tío ni se había leído mi perfil donde pone que evalué startups de fintech para el BBVA Open Talent, que me da que tampoco sabe lo que es… Así que, le envié varios posts de libros sobre blockchain o fintech, pero ni caso, erre que erre.

Conclusión, ¡colocadores de biblias parar un minuto! y aprender a vender. Ni la transformación digital, ni blockchain, ni CRISPR tienen sentido, si los intermediarios tuerce botas que antes vendían preferentes, casas en la playa o aspirinas, entienden que ambos escenarios implican un cambio en la mentalidad, en la cultura, en la actitud, de las organizaciones, de las personas, pasar de clientes sumisos y obedientes a personas que se reconocen como casi iguales, sabiendo que la carga genética nos hace casi únicos. Si no, va a ser lo de siempre, se va a montar un cristo de dos pares de narices, con la consiguiente desafección entre propuestas solucionadoras y necesidades solucionadas.

¿Hay alguna forma de excluir a los que no entienden el nuevo sistema? ¿Por qué dejar que destrocen la esencia y la paqueticen como un souvenir más? ¿Por qué no aprenden a vender de verdad? ¿A satisfacer necesidades reales? ¿Por qué hacen lo que les han dicho que hagan sin cuestionarse lo más mínimo esa orden? 

Foto vista en el face de Maite Martínez Espina

No hay comentarios:

Publicar un comentario