martes, 18 de diciembre de 2018

Plegar egos



La mejor forma de comprobar que un familiar se recupera de una situación delicada de salud, es ver como los egos de cada uno van tomando posesión de las conversaciones, convirtiendo la dialéctica en una guerra de trincheras. 

Se me escapa la razón por la cual no hemos eliminado el ego como especie. Con los miedos y los prejuicios crean el triángulo perfecto por el que se desaguan las personalidades y actitudes de cada uno de nosotros. ¿Quién gana? Nosotros no.

Hay por ahí un meme, o un twitter de Javier Reverte, haciendo referencia que no tiene sentido discutir por el simple hecho de llevar la razón, por arribar tu bandera, porque tu verdad prevalezca… De hecho, hay un refrán que dice, “dos no discuten si uno no quiere”.

Más que hastío y cansancio de responder a los que aburguesados que piensan dentro de su calentita caja de confort. Es la certeza, que no tiene sentido perder inhalaciones en convencer de algo a alguien que no sabe que puede que tenga un problema. 

Cuando te das cuenta que lo único cierto en la vida actual, es que nacemos para morir. Los egos sobran, las medallitas, los y tu más, las comparaciones carecen de sentido, por lo menos para mí. Si tú quieres seguir dialogando con tu espejito mágico, chapeau, pero no esperes encontrarme al otro lado. 

Para 2019, me bajo de la confrontación, aunque no tengo claro como lo voy a hacer, porque hay mucho por solucionar, crear, conectar, construir, y la base para ello, es plegar egos, desarbolar banderas, tender manos o mejor aún, pasar del que te grita (sobre todo en las redes online), que en algún momento se cansará de hablar solo. 

Como sigo en 2018, la he vuelto a cagar hace un rato, por sacar a pasear mi ego, en vez de escuchar a la otra persona, o mejor dicho, leer de de forma activa en el Whastapp, el canal de comunicación, que nos incomunica cuando la conversación se acelera...caminante no hay camino... 

¡Feliz verano!

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